Leprechaun. Diseño de Vicente Vegas. El tatuador es un artista anónimo.
Zé do Caixao. Diseño de Vicente Vegas.
Tatuado por Bueno, en el magnífico estudio Tatoo Circus de Alcorcón.
En los últimos años de vida, Paul Naschy logró salir de
España para rodar películas en USA ( “The tomb of the werewolf” de Fred OlenRay y “Contess Dracula´s orgy of blood” de Don F. Glut) o en Brasil, caso este
de “Um lobisomen na amazonia”, mientras además curraba en este país que tanto
le ha ninguneado, cosas tan potables como “Rojo sangre” o “La herencia Valdemar”. Lo curioso es que cualquiera de las películas que rodó aquí en los
últimos años, ya sea porque efectivamente tienen más calidad o más gracia, son
infinitamente mejores que aquellas que rodó en los países dónde tanto se
le admiraba. Allí el Lon Chaney patrio fue pasto de los productos video
cluberos más infames y cutres.
Algo de dinero le reportaría a Jamaa Fanaka la primera
“Penitenciaría”, porque poco después, esta vez
ya despojado de ínfulas artísticas, rueda la secuela de su peli más famosa,
con la siguiente premisa:
Jamaa Fanaka, activista negro que iba predestinado a ser una
especie de Spike Lee, pero que se quedó en el camino, rodó una trilogía en la
que queriendo dejar su impronta como autor, lo que consiguió es dejar tres
clásicos que en nuestro país tuvieron cierta repercusión, al menos en las
estanterías de los vídeo clubs, donde se alquilaban como churros.
Sigo encontrando a precios ínfimos ediciones de cochambre de
esos, no se si decir, genios o manazas de DVDSpain, cuyos diseños de carátula
logran lo que no logra nadie: que sus dvds echen para atrás. Sin embargo, yo
los sigo consumiendo… no sin ciertas dificultades esta vez.
Un joven amante de los cómics, se traslada al nuevo piso que ha alquilado.
Tras una conversación por facebook, planea una cita con una chica gótica que
conoció. Justo en la noche en la que esa cita va a tener lugar, se presenta en
casa un amigo, que le cuenta que días atrás fue mordido por un hombre lobo y
que, precisamente esa noche, hay luna llena. Ante la incrédula mirada de
nuestro protagonista, su amigo se transforma… pero lejos de parecer un
aterrador hombre lobo, parece que está disfrazado de inofensivo perrito. Pronto
se personarán en el piso la gótica, el hombre lobo que mordió a su amigo (y
que no se transforma…) y su ex novia, en una noche en la que el enredo está
servido.
Durante un tiempo de mi vida casi, casi, me dio por seguir
a este individuo, de frondosos bigotes, llamado Juan Pinzás. Cineasta con montones de cortometrajes de rollo artístico que, desde luego, no
encajaba en el estándar del, casi extinto, cine español. Así que en plenos
noventa lo intentó por otras vías, adscribiéndose al “Cine Dogma” creado y
matado por Lars Von Trier. “Érase otra vez” era el primero de los tres títulos
que se rodaron en España.
Hace ya algunos años, Manuel Loureiro creó un blog en el que
iba contando la historia de un abogado Gallego que, inmerso en plena pandemia
zombie, tiene que ingeniárselas para sobrevivir. El resultado de estas
entradas, se tradujo en millones de lectores. Este hecho, logró que el material
del blog se convirtiera en libro, este en Best seller con dos continuaciones ya
en tiendas. El siguiente paso, es convertir estos éxitos en película (que como
lo dejen en manos del cine español será una chufla) y en este cómic.
Agradable película con aires muy telefilmescos para
adolescentes, que cuenta la historia de un muchacho que, viendo que la chica del instituto que le gusta lleva una camiseta de Charles Manson,
y basándose en que muchos de los asesinos en serie más famosos contrajeron
matrimonio en la cárcel con alguna de sus “fans”, decide que lo que quiere ser
en la vida es asesino en serie. Por otro lado, la ambición de la chica de sus
sueños es pasar al estrellato siendo asesinada por un asesino en serie, convertirse en la “Sharon
Tate de los 90”, por lo que pronto el destino les unirá, y se estudiarán todos
los tópicos para que así, el pueda convertirse en un gran “Serial Killer”, y
ella, poder ser asesinada por él. Entretanto, un autentico "serial killer",
anda haciendo de las suyas por el vecindario.
Siempre echo pestes de la animación, pero confesaré que
existe una serie, que yo seguía a través del VHS –porque en España, o tenías
canal plus, o alquilabas los vídeos para poder verla- que siempre provocó mi
hilaridad, precisamente porque la animación era lo de menos, en pro de la
estupidez de sus personajes. Esta serie era (y es, porque ha vuelto a la
parrilla de Mtv) “Beavis & Butt-Head”. Ya saben: dos adolescentes algo
border line, amantes del rock, en cuyos episodios, vivían aventuras de lo
más estúpido y hacían pequeños interludios donde comentaban los video
clips del momento. Me encantan los personajes y sus chistes de caca, pedo, culo
pis.
Esta es la típica película cuya carátula tuve mil veces en
mi mano cuando acudía al vídeo club a por evasión. Carátula, que
por otro lado me llamaba la atención, pero que, sin embargo, al final siempre
desechaba prefiriendo alquilar otro título. Me acuerdo que la distribuía
Filmayer.
Que gran sorpresa me llevé, en uno de esos establecimientos
que venden dvd´s tiradísimos de precio, cuando vi que el documental “Satanis,
the devil´s mass”, un documental de culto sobre la famosa Iglesia de Satán,
engañabobos creación del llamado “Papa negro” Antón Lavey, que incluso logró
tener como miembros a entes influyentes
de la farándula Hollywoodiense, estaba editado en nuestro país, en su versión
doblada. La gracia está en que venía dentro de una colección de documentales
sobre “lo desconocido”, bajo el título de “La Iglesia de Satán”, vendiéndonoslo
como un documental respetable de esos de la BBC.
Cualquiera que me conozca, estará
harto de escucharme hablar de los cines de mi niñez, aquellos
locales de exhibición en los que adquirí mi educación y que
forjaron mi personalidad. Cuando me sale la vena nostálgica, más
que los programas de la tele o los tebeos de la época – que
también- son los cines a los que iba los que logran hacer que
suspire de añoranza. Siempre he hablado de los locales que había en
Alcorcón, localidad esta, en la que tan solo quedan unas multi-salas
a las afueras. No queda ni un cine. Valderas, Pachon, Estoril,
Multisalas Septimo Arte, y, sobretodo, Benares, son nombres de cines
que salen siempre a relucir en las conversaciones que de vez en
cuando se tienen con los amigos de aquellas de “yo me acuerdo de
esta película, que fui a verla a...”
La idea de partida, me parece formidable: Un director de
cine, invitado a diversos festivales para presentar su película, graba con su video cámara todo lo que pasa, más
fuera, que dentro de los festivales, dando como resultado un video-diario de
dos horas de duración. Algo barato de hacer, interesante de ver, e intenso en
su conjunto.